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Saber lo que deberías hacer no te ayuda si no abrazas el dolor que te impide hacerlo

Saber lo que deberías hacer no te ayuda si no abrazas el dolor que te impide hacerlo

Muchos te dicen lo que deberías hacer pero pocos abrazan el dolor que te impide hacerlo, ni siquiera tú mismo.

Cuando sabemos lo que nos convendría pero no lo hacemos nos sentimos culpables. Cuando vemos claramente lo que tendría que hacer otro y no lo hace, le juzgamos.

Lejos de ayudar o dar impulso, esta mirada crítica solo genera malestar.

A veces, parece existir una fuerza mayor que nosotros que nos impide actuar como dicta la lógica mental. Y es que el poder transformador no reside en la cabeza.

Es fácil dar(te) consejos pero es complicado tener la apertura para comprender que si no actúas como te gustaría es porque tienes una herida que necesita ser sanada.

Las heridas emocionales no atienden a razones, necesitan comprensión, amor y cuidado. Eso es lo que podemos darle a los que quieren tomar una decisión y la postergan, a los que tienen un sueño y no van a por él, a los que se quejan, a los que dañan y se dañan con comportamientos nocivos…

Sustituir el juicio por el Amor es el único camino posible hacia la transformación.

Entender tu herida, encontrarte íntimamente con ella y darle la oportunidad de ser sentida en tu cuerpo y en tu corazón es el primer paso para poder sanarla. Cuando sientas un bloqueo, algún área que no fluye en tu vida, deja de darle vueltas, de luchar porque no puedes dar el paso.

El paso que necesitas dar en ese caso es hacia ti mismo, hacia ese viejo dolor ignorado, para abrirle los brazos, hacerte cargo de él y comenzar a darle la atención y el amor que lo ayudarán a sanar.

Este proceso requiere mucha paciencia, el cambio se cuece a fuego lento y su llama es el Amor.

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