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¿Por qué no nos comunicamos auténticamente?

No nos comunicamos bien porque no nos conocemos

Nuestro entorno rechaza emociones como la ira, el miedo o la tristeza, lo que nos ha llevado a ocultarlas, fomentando que perdamos la conexión auténtica con lo que sentimos.
Solo si las experimentamos podemos recuperar la armonía de la totalidad.

Comunico, luego existo

La comunicación responde a una necesidad humana de supervivencia. Para sobrevivir necesitamos comunicarnos ya que como mamíferos dependemos del resto de la manada.

El llanto permite al bebé reclamar el cuidado de un adulto, siendo ésta su herramienta de comunicación para satisfacer sus necesidades físicas o emocionales. Se trata de una comunicación impulsiva, inocente, genuina y honesta.

A medida que crecemos y nos educan, vamos entendiendo que no todo lo que ocurre en nuestro interior es aceptable para el resto y, como seguimos necesitando ser parte de la manada, renunciamos a reconocer y expresar lo que verdaderamente sentimos.

Así, la comunicación es cada vez menos inocente, menos genuina y menos honesta, pues le añadimos el filtro de lo “correcto” o “adecuado” con el fin de encajar.

Traicionamos lo que somos y empezamos a relacionarnos desde lo que “deberíamos” ser; nos perdemos en las palabras y olvidamos nuestra verdadera naturaleza. Estamos tan habituados a renunciar a nosotros para adaptarnos al entorno que hablamos antes de sentir y mantenemos relaciones automáticas. La mente vive acelerada, el cuerpo estresado y el alma desterrada.

Ahora que ya no podemos regresar a la inocencia de la infancia pero anhelamos recuperar la autenticidad,

¿Cómo volver a escucharnos y aprender a comunicarnos de manera genuina y honesta?
¿Cómo re-encontrarnos con lo que esencialmente somos y no volver a abandonarnos?

Reconocer quienes somos más allá de la historia que nos contamos y qué se mueve en nuestro interior, es el punto de partida para estar en coherencia con nosotros mismos, entablar relaciones más honestas y desplegar una vida libre y plena.

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