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Mi segundo nacimiento

Mi segundo nacimiento

Todos tenemos dos cumpleaños:
el día que nacemos y el día que despierta nuestra conciencia.

Maharishi

Después de mi noche oscura asoma la tímida luz del alba y deshace la oscuridad con su rojizo resplandor. Me estoy rompiendo en pedazos. Sangre.

Mi corazón se abre, y se desgarran las paredes del muro que lo han protegido durante años. Soy una niña llorando. Grito, desconsolada, reconociendo las falsas ilusiones que protegían mi vida.

Mientras las piedras de mi muro se precipitan por el barranco del nunca jamás, me sostengo en el pilar de una certeza profunda: “Todo está bien, confía”.

Se rompen las viejas ilusiones. Se descuelgan los asideros a los que podía agarrarme en momentos de vulnerabilidad. Ahora no hay más excusas, ni más recursos, que este brutal instante en el que muero y nazco a la vez.

Muero a todo lo que fui, a lo que creí ser, a lo que creí buscar, a lo que me prometieron. Nada es real. La auténtica verdad está vibrando en mi alma con tanta fuerza que no encuentro la forma de esconderla a pesar del miedo. Ese miedo con el que pacto por las mañanas para que no me congele de nuevo.

Mi mundo, que era sólido, se deshace poco a poco. Mis bloques de hielo se derriten y se deslizan a borbotones por mis mejillas. Mi cuerpo tiembla de frío.

Tiemblo al sentir que no hay nadie que me salve, ni que responda por mí. La íntima certeza de mi responsabilidad total y absoluta en este mundo me tambalea. No puedo proyectar, no puedo culpar, no puedo exigir, no puedo inventar…Todos los sueños en vano.

Solo puedo romperme, rendirme al dolor de este proceso que deshace con furia y fuerza lo que siempre creí ser. Ya no existen viejos consuelos, ni excusas, ni recursos. Ya no sirven las mentiras, ni las historias, ni los cuentos. Solo queda la verdad, tan fina, reluciente y certera, como la hoja del cuchillo que corta mis sueños.

Muero y nazco a la vez. Nazco a una nueva vida en la que no sé lo que encontraré. “Todo está bien, confía”. Confío en la verdad, que es lo único que queda en el centro de mis viejos pedazos rotos. La verdad es el Amor.

Todo se quebranta a mi alrededor y yo nazco al Amor. Todo mi mundo se desvanece y su núcleo es el único lugar fiable y seguro que queda en mí: la verdad del Amor. Este es el único consuelo, la única excusa, el único recurso. Lo percibo, lo siento, sostengo sobre él mis torpes piernas recién nacidas, y respiro. Respiro, lloro y confío. Muero a un mundo de mentiras, de historias, de cuentos… y nazco al Amor.

Y con la única certeza del Amor, me entrego a la luz del alba sin mirar atrás. Inhalo vida nueva, dejo que el sol naciente me roce suavemente y me ayude a confiar un poco más, a despertar a la verdad del Amor.

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