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La aventura de cambiar…Y de ser testigo de tu propia transformación

La aventura de cambiar…Y de ser testigo de tu propia transformación

Cambiar es incómodo y duele. Cambiar implica dejar atrás, experimentar la incomodidad de soltar algo (una actitud, persona, situación, manera de sentir…) y despedirlo.

Cambiar es morir un poco; es hacer el duelo de una parte de ti, sentir su pérdida, echarla de menos, llorarla. Es dejar de ser leal a un viejo patrón que te ha acompañado durante mucho tiempo, te separas de un trozo de tu identidad.

Así, cambiar implica tristeza, y también miedo. Miedo al vacío, a lo desconocido, incertidumbre por lo que vendrá después del cambio. Cambiar es dar un salto sin ver lo que hay más allá.

Así, cambiar es un acto de fe, de confianza en la vida. Y también es certeza; la de que no puede suceder de otra manera, de que el cambio es necesario para poder continuar, para acertarte un poco más a ti, al ser que verdaderamente eres. Como la larva que rompe su crisálida para poder ser mariposa y volar.

Así, cambiar es libertad. Porque cuando cambias, sueltas lo viejo, te liberas de ataduras del pasado, despliegas las alas y te vuelves un poco más ligera/o.

En ese proceso muchas personas no te podrán acompañar y muchas situaciones quedarán atrás. Los cambios forman parte del Cambio. Nuevas personas aparecerán, otras situaciones llegarán y siempre, siempre, por mucho que cambies, tú estarás ahí presente para ti, como testigo de tu hermosa transformación.

El cambio es el camino hacia la autenticidad de tu ser.

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