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El éxito de ser un fracasado

El éxito de ser un fracasado

No es síntoma de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma
Jiddu Krishnamurti

Tenemos tan interiorizado el modelo de éxito social que no seguirlo nos puede hacer sentir fracasados como personas.

Hace tiempo, un estadounidense con el que coincidí viviendo en Vietnam, después de una larga conversación sobre el rumbo que tomaban nuestras vidas me dijo unas palabras que me impresionaron profundamente: “Felicidades María, ¡Tienes alma!”.

He pensado muchas veces en aquella frase y me he preguntado qué querría decir, ya que todos tenemos alma… Años después he comprendido. Todos tenemos alma pero no siempre sabemos como escucharla y alimentarla. El entorno tampoco nos lo pone fácil.

La sociedad actual tiene unos valores que quedan bien reflejados en el clásico estilo de vida norteamericano del que aquel chico procedía: profesión reconocida, gran sueldo, buen coche, bonita casa, clásica familia, interesante vida social, viajes…A menudo creemos que necesitamos cumplir con el status quo para estar a salvo.

Otras veces preferimos llevar la contraria para sentirnos especiales, que es otra forma distinta de poner la atención fuera de nosotros mismos. En ambos casos nos comparamos con los demás y medimos nuestro valor en función de algo externo, y sin darnos cuenta asumimos la comparación y la competitividad como valores fundamentales en nuestra vida.

En el fondo solo estamos buscando satisfacer, en mayor o menor medida, las necesidades humanas de reconocimiento y pertenencia. En el fondo solo estamos buscando amor en el lugar equivocado y, sin saberlo, vendemos nuestra alma, la olvidamos.

Y mientras vivimos sumidos en esa lucha imaginaria para conseguir encajar en el modelo social, nos ignoramos a nosotros mismos y no comprendemos que la felicidad solo se consigue cuando se vive en coherencia con los valores de la propia alma. Es ahí cuando la competitividad, la búsqueda de reconocimiento y la necesidad de pertenencia pierden peso en pro del auto-cuidado, la autenticidad y el respeto.

Detrás del aparente éxito social con frecuencia se esconde un enorme vacío que tratamos de tapar con actividades, objetos y relaciones que nos dan la seguridad que necesitamos porque no confiamos en nosotros mismos. Pero en el fondo sabemos que detrás de toda esa falsedad no encontraremos nada.

Lamentablemente hay muchas personas exitosas viviendo dentro de ese modelo que no logran sentirse bien, no encuentran la serenidad e intuyen en su interior ese vacío que tanto temen y que evitan a toda costa; creemos que caer en él implicaría desaparecer o morir o, en el mejor de los casos, fracasar.

Con tal de evitar el fracaso social, intentamos acallar por todos los medios esa voz sutil que viene de las profundidades de nuestro ser; nos esforzamos incansablemente para tapar el vacío y no comprendemos que precisamente en su interior está lo que buscamos.

El estrés es un buen indicador de la inevitable caída libre al vacío. Podemos funcionar bajo el condicionamiento del sistema, con el piloto automático, sin hacernos demasiadas cuestiones hasta que llega la crisis y, con ella, el abismo que nos impulsa a descubrir qué hay en el fondo del agujero. Es entonces cuando comienza el temido viaje hacia el interior en el que nos enfrentamos con lo que oculta la nada: el vacío existencial.

Este vacío aterra y duele pero representa una oportunidad para descubrir que ¡Tenemos alma! Y que se encuentra ahí dentro olvidada. Para vivir cerca de ella necesitamos mirar hacia nuestro interior, atravesar heridas y sanarlas pacientemente. Es un trabajo arduo pero seguro más gratificante que seguir luchando en nombre de la nada. Al menos es una nueva oportunidad para encontrar la felicidad que estábamos buscando ahí fuera, mientras nos damos la espalda a nosotros mismos.

Es posible también que este abismo acarree un gran fracaso social, y que descubras que para ser fiel a lo que el sistema -tu entorno, familia…- esperaba de ti tuviste que traicionarte a ti mismo. Puede que cuando descubras esto experimentes rabia y frustración, pero luego comprenderás que necesitaste amoldarte para no afrontar el miedo al vacío, para estar protegido, para sobrevivir, para sentirte seguro.

Cuando comprendes esto profundamente te llenas de gratitud por todo lo que ese sistema te ha ofrecido, dejas de luchar contra la nada, agradeces y sigues tu propio camino. Puede que ya estés preparado para afrontar el fracaso de aquello que asumiste como éxito, y puede que entonces descubras que en realidad el fracaso es vivir alienado sin cuestionarse qué es lo que anhela el alma.

Si vives buscando el reconocimiento y el aplauso es posible que triunfes en seguridad y comodidad pero te habrás fallado a ti mismo y perderás la oportunidad de regalar al mundo los verdaderos dones que nacen de tu ser.

O puede que aunque bajo el prisma del modelo social fracases, tomes la decisión de no fallarte a ti. Ese es el verdadero éxito, descubrir el tesoro enterrado en el vacío y serte fiel a ti; solo entonces podrás aportar algo realmente valioso y auténtico.

A veces hay que atreverse a perderlo todo para ganarse a uno mismo. A veces fracasar, es un gran éxito.

La Comunicación Auténtica te ayuda a iniciar ese viaje hacia el alma para descubrir tus valores y crear tu propio modelo de vida; un camino que te impulsará a cuestionarte las creencias sobre las que ahora se asienta tu realidad, para crear una mayor coherencia entre lo que eres y lo que expresas en el mundo.

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